Diferénciate mostrando tu verdadero yo

¿Debemos mostrarnos tal cual somos?¿Mostrar una imagen corporativa?¿Ambas? curiosa pregunta, a la que he tardado años en dar una primera respuesta “sólida”.

Cuando empecçe a fijarme en estas cuestiones era un “pipiolo” con ínfulas, con apenas 20 años dirigiendo un equipo de 6 personas, sin embargo, desde mi perspectiva actual, era un perfecto ignorante.

Si, técnicamente era (y sigo siendo), objetivamente bueno, no haré gala de falsa humildad, las maquinas se me daban bien, de hecho, mucho mejor que las personas, lo vivido me apartó en cierto modo de mi humanidad.

Pero para una persona resiliente, nada es para siempre, y poco a poco fuii conquistando cuotas de esa humanidad perdida en las batallas de la incomprensión.

Entre todas esas batallas, hay una, la de relajarme en presencia de otros, que me esta llevando tiempo. No tengo miedo a hablar en público, no tengo miedo de las personas, pero aún así, no acabo de bajar el escudo.

¿Escudo?

Si, escudo, mi forma de mantener mi autoestima a flote fue recurrir a algo en lo que real y objetivamente soy superior a la media, antes lo llamaban Coeficiente Intelectual, yo lo llamo Percepción Mecánica Intuitiva.

¿En qué consiste? sencillamente en una capacidad extrema de ver funcionar sistemas complejos percibiendo las piezas y el conjunto de ellas al tiempo, eso me permite “metapercibir” el mundo de un modo poderoso.

Pero nada es gratis, esa capacidad, provoca necesariamente una barrera entre mi persona y el mundo que estoy observando, de algún modo mi capacidad se ve mermada cuando yo intervengo como parte de la ecuación que observo.

¿Y cual es el problema?

El problema es que cuando uno basa su autoestima en una capacidad superior, en el conocimiento si se quiere, siéndolo realmente además, se convierte en tarea titánica comprender emociones ajenas en tiempo real.

Cuando la situación acaba, puedes analizar hasta el último recodo de lo sucedido, emociones incluidas, pero ya es tarde para establecer un momento compartido, pues tu llegas cuando el otro se ha marchado.

Para lograr encajar con otros en tiempo real, tan simple como dejarse llevar e ignorar momentáneamente la necesidad de analizar, ¿Simple? cuando de tu control de la situación debido a tu superior capacidad de cálculo depende tu autoestima, se convierte en una barrera casi insalvable.

Raúl … una cosa … ¿Por qué nos cuentas todo esto?

Pues en realidad para mostrar porque voy a empezar a usar gorro de cocinero y nariz de payaso como parte de mi marca personal. Y me explico.

En cierta medida, a lo largo de los años, he logrado capa a capa, centímetro a centímetro, alcanzar un mayor grado de naturalidad en mis relaciones con otras personas, a base de aprender a ceder el control y renunciar a este en esas situaciones.

Pero no ha sido la única técnica, aprender a tomarse menos en serio como medio para conectar mejor con otras personas, ha sido fundamental. El culmen de todo aquello fueron dos herramientas que debo a dos de las personas que más han aportado en mi vida: Un gorro de cocinero y una nariz de payaso.

El gorro de cocinero

Comienzo por el, por ser el primero en llegar a mi vida, corría el año 1998-99, por aquel entonces trabajaba en un proyecto de gestión de Agencias de Viaje.

Uno de los trabajos que debíamos realizar cada semana, era conectarnos via modem a seis sucursales y a la central de un grupo de agencias, tomar los datos de la semana de cada agencia, volcarlos a la central y puntear que todo estuviera correcto … a mano.

Posteriormente ese proceso fué automatizado, pero entonces, imprimíamos las tablas origen y entre dos personas punteabamos si todo estaba correcto.

Acabábamos tan hartos por aquel entonces, que en un momento dado alguien decidió hacerse un sombrero cilíndrico con aquellas hojas y señalar jocosamente en su propia cabeza el dato que le iba preguntando su compañero. Las risas eran completas.

Descubrimos así que esas risas relajaban la tensión y nos hacían ser más productivos con menos sufrimiento, y también que las risas al ver las caras de la gente neófita al vernos con los gorros eran épicas.

Eran tiempos de aprender a gestionar presiones psicológicas extremas a las bravas, sin ayuda, y descubrimos que aquello, funcionaba. Un gran amigo mio, llegado un punto, vio un episodio en que aplicabamos la misma técnica, y decidió regalarme un gorro de cocinero real para que no los hiciera con papel.

A partir de entonces, aquel gorro simbolizó al tiempo el mensaje de “estoy estresado y muy liado” al tiempo que uno va mejorando el ánimo general cuando te ven con el, se ahorran bastantes encontronazos cuando uno está tan presionado que es mejor dejarle trabajar sin interrupciones.

Usaba la técnica activamente, si bien estos últimos 5 años debido a que ando en casa aprendiendo a ser consultor de accesibilidad, entre otras cosas, no he tenido mucha oportunidad de ponerlo en práctica en un entorno oficinil al uso.

La nariz de payaso

Este regalo se lo debo a una de las exparejas que más ha marcado mi vida, persona que entre otras virtudes tiene una que destaca: la capacidad de sacarse momentos vitales de los que vale la pena recordar, hasta en el día más gris, con tan solo una nariz roja de payaso.

No soy nada original con esto, pero a base de vivir en primera persona el efecto terapeútico de aquella nariz de payaso en manos (o debería decir narices) expertas, decidí replicarlo en mi entorno más cercano.

De algún modo hice mías aquellas virtudes que habia tenido la oportunidad de vivir en primera persona, y dar un paso más , generando un entorno positivo activo a mi alrededor mediante la nariz, estuviera o no físicamente puesta.

Mi mentalidad cambió de un “cada cual que aguante su vela” a un “mejora la vida del resto de forma proactiva”, gracias a esta persona, nunca podré agradecerlo bastante, a pesar de que la vida acabara llevándonos por caminos divergentes.

Los últimos años

Estos últimos años, el gorro de cocinero quedó un poco al margen como dije, sin embargo la nariz de payaso tuvo un poco más de protagonismo, al punto de comenzar a ir al hospital con ella puesta a mis citas, y tratar siquiera someramente, de alegrar el dia a quien viera tan extraña situación.

A más de de ello, en mi entorno más personal, he tratado de potenciar el uso del humor para mejorar el mood a mi alrededor, aquí ya sin nariz, haciendo uso de mis nuevas habilidades haciendo voces varias.

La vieja nariz de payaso está tan vieja que ya no debe ser usada, por tanto, junto con el nuevo gorro de cocinero, compraré nueva nariz.

Marketing Exponencial y Empatía Empresarial

Y claro, se junta esta situación con la búsqueda de una imagen que me permita destacar entre tanta persona de aspecto profesional y traje impecable que ofrecen cursos, servicios profesionales y hasta limpiarte el coche en el proceso.

El uso del gorro y de la nariz me permite posicionarse además como alguien profesional pero de trato directo, alguien que hace su trabajo seriamente, pero que no se toma a si mismo demasiado en serio.

Y es que pretendo crear un mundo inclusivo, y tengo que ser firme respecto de mi mensaje – en mi opinión, disruptor – al tiempo que navego en un campo de minas cargadas de prejuicios en el contexto de una guerra ideológica abierta del todo radicalizada.

Creo, por tanto, que recuperar para esta cuestión mi uso del gorro de cocinero y la nariz de payaso, me va a permitir modular mi mensaje minimizando al tiempo la percepción de ataque por parte de los receptores del mismo.

Si lo hago bien, seguro que habrá hate, pero confío en que esos complementos eviten al menos los malentendidos, active una postura positiva en aquellas personas que accedan a mi contenido audiovisual y de paso, me diferencie de forma efectiva de toda esa avalancha de profesionales trajeados y de punta en blanco, que acaban siendo iguales entre sí a ojos del consumidor.

¡No olvides decirme que te parece en los comentarios!.

¡Un abrazo a todos!

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Dibujo de un sable laser para ciegos con la estrella de la muerte de fondo

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