Letra Ñ, representando el idioma español castellano

El lenguaje “inclusivo” español, y su uso como arma machista y excluyente.

El concepto de usar el lenguaje de un modo no ofensivo, excluyente o denigrante, tiene su valor intrínseco, cambiar significados es y ha sido, a lo largo de la historia, parte integral de la cultura humana, y ejemplos básicos como la diferencia entre zorro y zorra, deberían ser suficiente para mostrar que una evolución del lenguaje que usamos, no está de más.

Creo que entre la imagen de la letra ñ con los colores de la bandera de españa y una pequeña referencia al omnipresente (y equivocadamente interpretado como movimiento de izquierdas) republicanismo, unido al título claro y descriptivo si se toma uno la molestia de querer leer, habremos dejado fuera de esta conversación a todos los radicales unineuronales, de cualesquiera signo.

Una guía interesante

La ONU pone a disposición de las personas que así lo requieran, esta guía con recomendaciones muy útiles para la aplicación razonada, voluntaria y no fanática del lenguaje inclusivo.

Detalles como no mostrar el género cuando no sea necesario son los que me hacen percibir esta guía como algo realmente neutral que usar como punto de partida. Cuestiones de nomenclatura aparte, pienso que puede ser un buen núcleo de debate y estudio.

La absurda paradoja: uso del lenguaje inclusivo como arma para la provocación destructiva

No voy a entrar aquí en debates a favor y en contra del lenguaje inclusivo, para mí lo relevante es avanzar en la inclusión real, no tanto en detalles que percibo como menores en esta lucha por algo tan evidente como considera a las personas, como personas.

No obstante hay una línea de actuación respecto del lenguaje inclusivo, que además de intolerable, me parece surrealista, y es el uso del lenguaje inclusivo como arma de guerra, en lugar de buscar avanzar todos juntos, se busca situarse en una posición de superioridad moral y señalar al diferente.

Casos sonados como el uso de “los otros”, “los hombres son”, “las mujeres son”, “los progres”, “los fachas”, y mierdas similares, solo convierten a aquellas personas que las usan de forma sistemática y continuada, justo en aquello tan “malo malísimo” contra lo que dicen luchar.

Del mismo modo que imponer los derechos humanos a punta de pistola no parece tener sentido alguno, usar el lenguaje inclusivo para excluir a aquellos que no utilizan el lenguaje como nosotros pensamos que debe ser, parece ser, como mínimo, surrealista, por no decir propio de la estulticia más absoluta.

El género como herramienta de exclusión.

Otra de esas paradojas absurdas es la búsqueda de una supuesta neutralidad de género basada en la oposición de géneros, de forma binaria, como si usar un sufijo inexistente en nuestro idioma fuera a cambiar la estructura mental de alguien, provocando solo mofa y, lo más peligroso, elevando el tono discursivo reinante, como si el contexto social no fuera ya suficientemente radical en nuestros días.

Es por eso que me opongo frontalmente a las terminaciones -e, -i, -u (aé aé), son una suerte de “Eppur si muove” enfocado en una dirección que considero incorrecta, absolutamente destructiva, y que solo fomenta el terrorismo ideológico.

En lugar de usar “bombere”, usa “persona cuya profesión es extinguir incendios”, a no ser que te dirijas directamente a una persona concreta, claro.

La fórmula “persona que …”

Hay varias formas de aplicar el lenguaje inclusivo, pero hay una, que proviene del mundo de la discapacidad que considero de las más avanzada en la materia: “persona que…”

Uno de los problemas que me he encontrado en la relación entre el mundo de la discapacidad y el mainstream, es la manía de etiquetar personas, el nivel de deshumanización es tal, que llega un punto en que da igual si usas un termino más o menos ofensivo, pues se ha desvinculado tanto a la persona de su humanidad a nivel lingüístico que lo leas como lo leas estás separando al colectivo de “””las personas normales”””. Esto si que es realmente ofensivo.

Es por esto que, a base de debates, charlas de horas y experiencia, he acabado usando la fórmula “personas que/con/cuyo” a la hora de referirse a la discapacidad (persona con baja visión) de una persona, a su profesión (persona que enseña a otros) e incluso a sus deseos (personas que comparten la perspectiva X). Si no es imprescindible, el género no debe ni mencionarse… ¿porqué?

  1. El hecho de mencionar el género, incluso usando esos sufijos infantiles, supone situarnos en el marco del feminismo binario, cuando la realidad es un continuo, con independencia de lo que la biología marque, uno no es ni más ni menos personas según su sexo biológico, y, por tanto, salvo a efectos reproductivos, ese dato directamente sobra del lenguaje.
  2. Situar persona en primer lugar nos obliga a reconocer de forma intrínseca su condición de persona, para luego describir un aspecto relacionado con esta, sin permitir al subconsciente crear una identidad entre una condición de discapacidad, una profesión o un ideal y la persona. Sin este anclaje, es extremadamente sencillo deshumanizar , crear bandos y de ahí a las cámaras de gas, va un suspiro.
  3. Esto permite luchar contra incoherencias como la separación deportiva por sexos (en lugar de por capacidades de las personas practicantes del deporte que es lo que debiera ser). Y es que lo único relevante es que somos personas, las capacidades, profesiones, ideas, raza, religión, han de ser complementos.
  4. Y por ello, la legislación de violencia de género, me parece absoluta y completamente machista, discriminatoria hacia el hombre y producto de una pataleta adolescente. No es negar el problema, sino la solución aportada en torno a este. Es necesario que se modifique para reflejar la violencia de una persona hacia otra, poniendo el foco en el abuso de poder, de posición dominante, de capacidad física, incluso de ideología dominante como causas y agravantes, pero jamás, por sexo…

Por último, ¿acaso una persona trans, un hombre hetero o una persona asexual no tiene derecho a ser protegido ante el abuso por cuestiones de género? Eso es machismo, y del grave, pues asume el feminismo binario como “lo normal”. Existen pocos tipos de discriminación más dañinos que este.

En resumen, el tema es de mucho mayor calado que discusiones infantiles sobre terminaciones en vocales varias, y suficientemente caústico como para fomentar un uso del lenguaje que haga avanzar a sociedad, sin necesidad de demonizar a nadie, pero conscientes de que hasta el más liberal de entre los liberales, tiene sesgos cognitivos muy profundos.

Y si, el lenguaje crea realidades, pero cuidado con qué realidades creamos, no vayan a resultar peores que el demonio contra el que luchabamos inicialmente.

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